Sonidos y musicoterapia yesterdayAñadir a favoritos

Cerrar los labios, exhalar tarareando, escuchar la vibración subir por el cráneo: un gesto sonoro antiguo, gratuito, que se puede hacer en cualquier lugar para depositarse.
Hay prácticas que no necesitamos aprender, solo recordarlas. El tarareo es una de ellas. De niño, tarareamos sin pensar mientras dibujamos. De adulto, cuando una tarea requiere concentración, algo surge de la garganta, un "mmm" sostenido, que acompaña el gesto. Lo que la tradición india llama bhramari (भ्रामरी, "el aliento del zumbido") y lo que los practicantes contemporáneos del sonido llaman conscious humming designan lo mismo: una exhalación prolongada, boca cerrada, que hace vibrar las cuerdas vocales en el silencio íntimo del cráneo.
El tarareo consciente es una respiración sonora prolongada: la exhalación se realiza por la nariz o por los labios ligeramente entreabiertos, produciendo un "mmm" continuo, a un volumen moderado. Se oye la vibración en la garganta, la mandíbula, los senos, a veces detrás de los ojos. La sensación es la de un zumbido interno, suave, regular.
En la tradición yogui, esta respiración se describe en textos tántricos y de hatha yoga medievales (Hatha Yoga Pradipika, siglo XV) entre los ocho kumbhaka (retenciones de respiración). Se presenta como una práctica de apaciguamiento mental y de recentrado. Los practicantes contemporáneos del sonido, como Jonathan Goldman en Estados Unidos, entre otros, la retoman en sus talleres como un ejercicio de acogida y relajación, accesible a todos.
Sobre los beneficios fisiológicos, la investigación existe (explora, en particular, la relación entre el humming, la producción de óxido nítrico nasal y la estimulación vagal) pero aún es emergente. Seamos prudentes: lo que se puede decir con certeza es que el gesto relaja, apacigua, recentra. Para todo lo que toca a la ansiedad, los trastornos del sueño o el dolor, estas prácticas vienen como complemento de un seguimiento, no como reemplazo - consulte a un profesional de la salud.
Preparación. Siéntate cómodamente, espalda recta sin rigidez, hombros bajos. Cierra los ojos si el lugar lo permite. Pasa la lengua a lo largo de los dientes, relaja la mandíbula - un pequeño espacio entre las muelas superiores e inferiores.
Tres respiraciones de entrada. Inspira por la nariz durante 4 tiempos, exhala por la boca durante 6. Simplemente para llegar.
El tarareo. Inspira profundamente por la nariz, sin forzar. Al exhalar, boca cerrada, produce un "mmm" sostenido, a un volumen moderado - el de una conversación tranquila. No intentes sostenerlo hasta el final de la respiración: detente antes de la incomodidad, deja que el cuerpo vuelva a inspirar tranquilamente, luego vuelve a empezar.
Cuenta 8 a 10 ciclos. Cada vez, busca dónde se posa la vibración: la garganta, la mandíbula, la nariz, el cráneo. Puedes desplazar la atención de una zona a otra.
Salida. Después del último tarareo, quédate inmóvil durante dos respiraciones silenciosas. Escucha lo que queda - a menudo, el silencio mismo parece haber cambiado de textura.
El tarareo no se demuestra, se practica. Tres minutos suelen ser suficientes para sentir que "pasa" algo - menos un efecto espectacular que un suavizamiento, como si el cuerpo hubiera recuperado una nota que ya conocía. Es una escucha, no un cuidado. Y quizá sea lo más justo que se le puede pedir.
Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
Univers sonore — écoute, vibration, rituels